El Paso del Noroeste cambia de fecha: Antonio de la Rosa volverá en julio de 2027

Ya en casa, sano y salvo, el explorador ha hecho balance del primer intento en una transmisión en directo. No hay renuncia: hay una lista de correcciones, una tabla que rediseñar y una fecha en el calendario.

Hay expediciones que terminan y expediciones que se aplazan. Esta es de las segundas.

Antonio de la Rosa llegó a España hace pocos días, después de que el pasado 2 de agosto un rescate de la Guardia Costera canadiense interrumpiera su travesía en solitario y sin asistencia por el Paso del Noroeste. Este domingo 9 de agosto se sentó frente a la cámara para contarlo todo en directo: lo que funcionó, lo que no, lo que perdió y lo que va a cambiar. Y para dejar claro lo esencial desde la primera frase: vuelve en julio de 2027.

“Estoy convencido de que la tabla de exploración de Sunova puede atravesar perfectamente el Paso del Noroeste, y espero poder demostrarlo el año que viene.”

Dieciséis días que dejaron buenas cifras

La expedición arrancó el 18 de julio desde Pond Inlet. Antonio llegó al Ártico fuerte, física y mentalmente, y los días en que las condiciones permitieron entrar al agua lo demostraron: dos jornadas de 64 kilómetros, otras dos de 52 y tres en torno a los 40.

Con unos 100 kilogramos de carga sobre la tabla, su velocidad crucero se mantuvo entre 5,5 y 5,6 kilómetros por hora, con puntas de 8 km/h cuando el viento acompañaba. En las jornadas largas llegó a palear doce horas seguidas con apenas veinte minutos de parada real.

El desgaste, sin embargo, fue perfectamente asumible. Antonio lo compara con una salida muy larga en bicicleta a ritmo suave: esfuerzo aeróbico sostenido, no explosivo. Solo necesitó antiinflamatorios los tres o cuatro primeros días. La alimentación, con más frutos secos que en su travesía al Polo Sur, funcionó mejor que nunca.

“Cuando terminaba esos 64 kilómetros, pensaba que podía hacer otros 50 más.”

El eslabón débil no estuvo en el agua

Si algo deja claro el balance es que el problema no fue la forma física ni la embarcación. Fue la logística previa, y Antonio lo asume sin rodeos.

Llegó a Ottawa el 10 de julio cargado de más: dos tablas y varios bultos adicionales. Tanto, que Alfonso d’Ors, de Posovisual —la productora que cubrió los preparativos—, tuvo que regresar a España con 30 kilogramos de equipaje suyo. Los cuatro días disponibles antes de volar al norte resultaron insuficientes para preparar toda la alimentación, especialmente sabiendo que en el punto de partida no hay forma de conseguir suministros.

Y estaba la tabla. No llegó a tiempo y hubo que enviarla por cargo, el único medio posible con los aviones que operan en la zona. La caja alcanzó Pond Inlet rota tras múltiples escalas y, por el camino, se perdió una bolsa estanca con dos quillas de repuesto y cuatro balizas acústicas disuasorias para osos. En una localidad inuit del Ártico canadiense eso no se repone. Los guardaparques le prestaron dos balizas; la travesía empezó con una sola quilla.

“No puedes ir a una expedición de estas llevando cosas por si acaso. Tengo que salir de Madrid exactamente con el material que voy a utilizar allí.”

El día que no había que entrar al agua

Después de varias jornadas templadas, llegó la confianza. Con unos 11 grados y el calor del esfuerzo, Antonio acabó paleando sin el traje seco. En la jornada 11 cayó al agua sin él y tuvo que volver a tierra. Dos días de avance perdidos.

Esos dos días lo cambiaron todo: hicieron que un frente de mal tiempo lo alcanzara antes de lo previsto. Cruzó Admiralty Inlet —la bahía en cuya orilla se encuentra Arctic Bay— y llegó a las inmediaciones de cabo Crauford con el mar ya muy movido. El plan era rodear el cabo al día siguiente y enganchar rumbo oeste con viento favorable.

En la punta del cabo, la escasa profundidad y el fondo rocoso convirtieron ese viento favorable en un caos de vuelcos, niebla cerrada y frío. Antonio señala aquí un error concreto y evitable: no llevaba cartas náuticas. Tenía GPS y toda la cartografía descargada, pero no la información batimétrica que le habría advertido de lo somero de la zona.

“Ese día tenía que haberme quedado en tierra tranquilamente y haber esperado tres, cuatro o cinco días. Eso ya está aprendido.”

El mar se llevó la tabla

Consiguió salir del agua entre acantilados, muy cerca de una cabaña que ya tenía localizada en sus mapas. Subió todo el material al borde de la banquisa, el hielo que en invierno se acumula y queda encajado varios metros por encima de la playa, contra una pared de unos diez metros. Estaba convencido de que allí quedaba a salvo. El equipo de seguridad y la ropa los llevó a la cabaña, a la que solo se accede tras un trepe de seis o siete metros: imposible izar la tabla hasta allí.

Al día siguiente entró el temporal, con vientos de 100 kilómetros por hora. Cuando dos días después bajó a la costa para reparar la quilla y preparar la tabla rumbo a Arctic Bay, a unos 100 kilómetros, no quedaba nada. Ni tabla, ni bolsas, ni comida.

“El mar se tragó casi todo menos el equipo de seguridad.”

Un rescate sin SOS

Lo que vino después es, probablemente, la parte más reveladora del relato.

La situación estaba definida con precisión: comida para un par de días, estirable a cuatro o cinco, y ninguna posibilidad de salir por medios propios de un lugar sin acceso terrestre. Pero también sin peligro inmediato. Antonio estaba bien y resguardado.

Esa distinción lo llevó a tomar una decisión poco habitual: no activar el SOS. Bombero de profesión y con años de trato con grupos de rescate, sabe que una señal de socorro dispara un protocolo inmediato en el que los rescatistas asumen riesgos altos, porque no hay comunicación con la persona y se desconoce su estado real.

En lugar de eso, pidió a su entorno que se activara un protocolo de rescate sin urgencia. La comunicación se canalizó a través de la Embajada de España en Canadá y la Guardia Costera canadiense decidió enviar una embarcación de gran porte, con 48 horas de llegada estimada. Antonio aceptó el plazo sin discutirlo.

“Lo más importante para mí era que nadie se jugara la vida para venir a rescatarme. Me daba igual salir en 12, en 24, en 48 horas o en cuatro días.”

Cuarenta y ocho horas exactas después apareció el rompehielos CCGS Des Groseilliers entre una niebla espesa. La operación se resolvió con el helicóptero embarcado, sin necesidad de aproximación en neumática, y Antonio fue trasladado directamente al aeropuerto de Arctic Bay, donde lo recibió la policía local. Un rescate limpio, en el que nadie asumió riesgos innecesarios. El regreso a España se completó en otras 48 horas.

Osos, narvales y un Ártico sin hielo

Buena parte del recorrido transcurrió dentro del parque nacional Sirmilik, que abarca la isla Bylot y el noroeste de Baffin: una reserva de aves donde el acceso con armas de fuego está terminantemente prohibido y en la que los guardaparques le concedieron permiso especial para transitar y pernoctar en determinadas zonas.

Dentro de la reserva, la avifauna fue sencillamente impresionante; al salir de ella, apenas se veían aves. Hubo jornadas enteras acompañado de narvales, focas casi a diario en la primera fase y dos osos polares a corta distancia. Ninguno de los dos encuentros requirió la escopeta, que es siempre el último recurso: la primera línea son las balizas acústicas, el silbato y un sistema de bengalas. Uno de los osos lo miró desde la orilla con absoluta indiferencia y siguió comiendo; el otro se marchó en dirección contraria nada más verlo.

El hielo, en cambio, jugó una partida distinta a la esperada. En el estrecho entre Pond Inlet y la isla Bylot, donde otros años hay abundante banquisa en esas fechas, unos vientos más intensos de lo habitual desplazaron el hielo hacia las bahías. Antonio prácticamente no encontró hielo. En el otro extremo del Paso, los veleros que intentan la travesía desde Alaska hacia el este seguían bloqueados a comienzos de agosto, sin acceso todavía a Cambridge Bay.

Por qué una tabla y no un kayak

A quienes sostienen que el Paso del Noroeste es inabordable en paddle surf, e incluso en kayak, Antonio responde con un argumento de autonomía: la travesía exige comida para un mínimo de 40 días. Solo en alimentación son unos 40 kilogramos, a los que hay que sumar todo lo demás. Un kayak de travesía no admite ese volumen y un packraft es demasiado lento. La tabla, al ser una embarcación abierta, sí permite cargarlo.

“He visto en mis propias carnes lo difícil que es aquel lugar, pero confío en mi capacidad y en mis conocimientos para conseguir hacer esa expedición.”

Lo que cambiará para 2027

Quilla retráctil. Con la tabla cargada —unos 35 kilogramos de embarcación más 80 o 90 de material—, palear sin quilla es inviable: la embarcación se vuelve ingobernable y obliga a duplicar la trayectoria. El objetivo es una quilla alojada en un cajón, que se repliegue al tocar fondo y pueda subirse a voluntad, con un funcionamiento parecido al de un timón de kayak.

Sujeción del equipamiento. En los vuelcos, las ocho o diez bolsas estancas se desplazaban a un costado y hacían durísimo el desvuelco. Pasarán a ser tres o cuatro bolsas grandes fijadas con cinchas dobles, del tipo que ya usa en su trineo de expedición.

Puesto de paleo sentado. Con viento de cara o condiciones muy adversas hay que palear sentado, con pala de kayak. El asiento no estaba bien adaptado; la embarcación se modificará para ese uso.

Protección de cubierta. Las olas laterales llegaban a embarcar hasta 50 litros de agua que tardaban en salir por los imbornales. Se añadirá un elemento que cubra los pies al palear de pie.

Logística y navegación. Salir de Madrid exactamente con el material que se va a utilizar, contar con más tiempo sobre el terreno y llevar cartas náuticas. El peso total, admite, difícilmente bajará de los 90 kilogramos.

Lo que viene ahora

En los próximos días Antonio irá mostrando las modificaciones de la embarcación y publicará material sobre la fauna registrada, en especial la avifauna de Sirmilik. En paralelo arranca la fase menos vistosa y más necesaria: reponer el equipamiento que se llevó el mar y buscar la financiación del nuevo intento.

El agradecimiento va por delante. A la Embajada de España en Canadá, a la Guardia Costera canadiense, a la policía de Arctic Bay y a los guardaparques de Parques Nacionales de Canadá, que prestaron balizas acústicas y concedieron los permisos dentro de Sirmilik. A Posovisual, por la cobertura de los preparativos y del arranque. Y a West Hansen —National Geographic Explorer y presidente del capítulo de Texas de The Explorers Club—, que durante la ventana de rescate ofreció de forma clara y decidida la ayuda de un contacto local en Arctic Bay.

El Paso del Noroeste no se cancela. Cambia de fecha.

Datos clave

  • Primer intento: 18 de julio de 2026, desde Pond Inlet (Nunavut, Canadá)
  • Interrupción: 2 de agosto de 2026 · Día 16 · zona de cabo Crauford, península de Borden
  • Rescate: Guardia Costera canadiense · rompehielos CCGS Des Groseilliers y helicóptero embarcado → Arctic Bay (Ikpiarjuk)
  • Mejores jornadas: dos de 64 km, dos de 52 km y tres en torno a 40 km
  • Velocidad crucero: 5,5–5,6 km/h con carga · hasta 8 km/h con condiciones favorables
  • Jornada máxima: 12 horas de paleo con unos 20 minutos de parada real
  • Material perdido: tabla, bolsas estancas y alimentación. Solo se conservó el equipo de seguridad
  • Nuevo intento: julio de 2027

Enlaces

De la Rosa, rescatado y a salvo en Arctic Bay: el Paso del Noroeste cambia de fecha

Expedición Paso del Noroeste 2026 · Día 16 · Nunavut, Canadá
El Servicio de Guardacostas de Canadá extrajo al explorador del cabo Crauford en helicóptero desde el rompehielos CCGS Des Groseilliers, aprovechando la única ventana de buen tiempo en cinco días. Antonio de la Rosa está ileso, vuela mañana a Ottawa y cierra la travesía con 367,7 kilómetros paleados.

 

El explorador español Antonio de la Rosa se encuentra sano y salvo en Arctic Bay (Ikpiarjuk), comunidad inuit del Alto Ártico canadiense a orillas del Admiralty Inlet, tras ser rescatado este domingo 2 de agosto del cabo Crauford, donde permanecía refugiado en una cabaña de cazadores desde el 29 de julio. La extracción pone fin a la Expedición Paso del Noroeste 2026 en su día 16, con 367,7 kilómetros (198,5 millas náuticas) paleados desde la salida de Pond Inlet el 18 de julio.

El rescate se activó tras el temporal del 1 de agosto, con vientos cercanos a los 100 km/h, que rompió la banquisa frente al cabo Crauford y se llevó la embarcación con la que De la Rosa afrontaba la travesía. Sin tabla, la continuidad de la expedición quedó materialmente cancelada. El explorador, en cambio, no sufrió daño alguno en ningún momento.

Un helicóptero desde el rompehielos

Las condiciones meteorológicas habían mantenido bloqueada la zona durante casi una semana. La jornada del domingo abrió el único paréntesis de mar en calma desde la pérdida de la embarcación, y el operativo lo aprovechó sin demora.

El rompehielos CCGS Des Groseilliers, de la Guardia Costera canadiense, se aproximó al cabo Crauford, y desde su cubierta de vuelo despegó el helicóptero embarcado que extrajo al explorador y lo trasladó directamente a Arctic Bay, algo más de 100 kilómetros al sur por mar siguiendo el Admiralty Inlet.

El Des Groseilliers no es un barco cualquiera en estas latitudes. Se trata de un rompehielos medio de la clase Pierre Radisson, con base en Quebec, que cada verano se despliega en el Ártico canadiense como unidad principal de búsqueda y rescate. Dispone de hangar y cubierta de vuelo para su helicóptero, y ese medio aéreo fue precisamente lo que permitió sacar a De la Rosa de una costa sin acceso practicable por mar.

«Me ha rescatado el salvamento marítimo de Canadá, a quienes quiero agradecer personalmente su profesionalidad. Ha sido un rescate extraordinario».

«El tiempo ha estado muy malo cuatro o cinco días y hoy era el día; así que lo hemos aprovechado».

Del cabo al pueblo: dos Árticos distintos

El contraste entre el punto de refugio y el destino es, en palabras del propio explorador, absoluto. En el cabo Crauford pasó cuatro días en una cabaña de cazadores sin cauce de agua cercano —derretía hielo recogido en la costa para abastecerse—, con niebla persistente, humedad que impedía secar la ropa y un pronóstico que solo empeoraba. En Arctic Bay, un núcleo de algo más de mil habitantes, el mar amaneció en calma.

De la Rosa destaca especialmente el trato recibido y el carácter del territorio, y deja explícita su intención de regresar.

«Con muchas ganas de volver a este lugar: me ha conquistado. La gente y el lugar en sí son brutales, salvajes; es lo que necesita una buena aventura».

El balance: mala suerte y errores propios

El explorador no traslada la responsabilidad al entorno. En su primer mensaje desde tierra firme con conexión estable, asume que buena parte de lo ocurrido pertenece al terreno de la decisión propia y anuncia un análisis detallado de la travesía.

«Gran parte de las cosas que no salen bien en una aventura son normalmente errores personales. Toca aprender de mis errores».

«Una aventura es una actividad que entraña un riesgo y de futuro incierto, y el Paso del Noroeste en una embarcación de paddle surf es una auténtica aventura que espero poder superar en algún otro momento».

Agradecimiento a la red que se puso a disposición

Además del reconocimiento expreso de Antonio a la Guardia Costera canadiense, la coordinación de la expedición desea dejar constancia pública de los apoyos que se ofrecieron durante las horas críticas, aunque finalmente no fuera necesario activarlos.

Es el caso del explorador estadounidense West Hansen (The Explorers Club MN ’12, presidente del Capítulo de Texas; National Geographic Explorer; expediciones al río Amazonas en 2012, al Volga en 2014 y al Paso del Noroeste en 2022-23 y 2026), que respondió de forma inmediata y sin condiciones, poniendo a disposición de la expedición un contacto local en Arctic Bay dispuesto a acudir al cabo Crauford a recoger a Antonio en cuanto se abriera la ventana meteorológica —y ello en plena temporada de caza del narval, un período corto y determinante para las comunidades de la zona. La rapidez de esa respuesta, en un entorno donde las distancias y los tiempos no perdonan, merece un agradecimiento explícito.

Próximos pasos

De la Rosa tiene previsto tomar este lunes 3 de agosto un vuelo desde Arctic Bay a Ottawa y regresar a España en los próximos días. La coordinación de comunicaciones gestionará desde ese momento las solicitudes de entrevista y el material audiovisual de cierre de la travesía.

«Gracias a todos por los ánimos, por seguir ahí y por estar preocupados».

📄 Para medios: el Boletín 13 completo en español e inglés, junto con todos los boletines anteriores de la expedición, el archivo de reportes desde el terreno y el material audiovisual descargable, está disponible en el Media Center de la expedición.

📩 Solicitudes de entrevista y acreditación: Germán Briceño · lider@germanrbc.pro

De la Rosa completa otros 40 km y alcanza el punto de giro al norte, tras superar una salida durísima

Nunavut, Canadá · 23 de julio de 2026 — Antonio de la Rosa completó este miércoles una segunda jornada consecutiva de 40 kilómetros y alcanzó el punto donde el trazado de su ruta gira hacia el norte, primer cambio estratégico de rumbo desde el arranque de la travesía. El día trajo también una noticia técnica —la quilla de la tabla sufrió un daño durante una salida al agua especialmente compleja por el oleaje— y un regalo natural extraordinario: el avistamiento de focas y narvales, la joya cetácea del Ártico canadiense.

Una hora para entrar al agua

El día comenzó con lo peor de la jornada. El punto donde Antonio pernoctó la noche anterior estaba muy expuesto al oleaje, y meter la tabla con todo el equipo al agua entre las olas resultó una operación durísima. Lo que normalmente toma minutos le llevó cerca de una hora, con frío intenso de la mañana y viento fuerte de espalda que aumentaba la dificultad.

“La salida de esta mañana ha sido lo peor de la jornada”, cuenta el propio Antonio en su parte de voz. “He roto algo la quilla. Estaba muy complicada la salida con oleaje y ha sido complicadísimo empezar”.

Un contratiempo técnico: la quilla

El daño en la quilla es la incidencia más relevante de la jornada. Se trata de un elemento crítico para la maniobrabilidad de la tabla: sin quilla, el control direccional se ve seriamente comprometido. Por el momento la pieza sigue cumpliendo su función y le permitió completar los 40 kilómetros del día sin nuevas incidencias, pero el equipo mantiene la vigilancia.

“La quilla es fundamental. Sin quilla no hay maniobrabilidad de la tabla, es un elemento indispensable”, explica el explorador. “Puedo hacer una quilla con el timón, pero no es lo mismo. La verdad es que espero que me aguante”.

Antonio tenía previsto un plan de contingencia en su preparación original: llevaba dos quillas de repuesto. Pero una anécdota logística las dejó fuera de la expedición — la caja que las contenía se rompió durante el transporte entre Montreal y Ottawa, y las piezas nunca llegaron a destino. Es una de esas contingencias que un explorador sin apoyo asume como parte del riesgo del terreno.

Buen ritmo y llegada al hito

Superada la fase inicial, la navegación se desarrolló con fluidez. El viento de espalda y las corrientes favorables durante buena parte del recorrido permitieron a De la Rosa mantener un ritmo alto. Los últimos cinco kilómetros los recorrió ya con corriente en contra — motivo por el cual decidió parar y aguardar mejor sincronía con la marea antes de reanudar.

El punto donde ha parado tiene un valor simbólico y estratégico: justo donde la ruta trazada gira hacia el norte. Es el primer cambio de rumbo importante de la travesía y marca el final de la fase de aproximación inicial este-oeste. A partir de aquí, Antonio orientará el resto de su avance hacia el norte del Paso del Noroeste.

De la Rosa aguarda ventana meteorológica en el Ártico canadiense

Refugiado por vientos de 40 km/h y sensación térmica cercana a -10 °C Nunavut (Canadá) 20 de julio de 2026 BOLETIN 05

El explorador español Antonio de la Rosa se mantiene refugiado en el Ártico canadiense a la espera de una mejora en las condiciones meteorológicas, tras los primeros días de su travesía en solitario por el Paso del Noroeste. Los partes recibidos vía satélite indican que la pausa se prolongará hasta el próximo miércoles, cuando el pronóstico anticipa la primera ventana favorable para retomar la marcha.

Desde su punto actual de refugio, De la Rosa reporta vientos sostenidos cercanos a los 40 km/h, temperaturas en el orden de +1 °C con sensación térmica de entre -9 °C y -10 °C, lluvia y un terreno irregular sin puntos de resguardo efectivo. El explorador ha instalado su tienda de campaña en un collado, la única zona relativamente protegida del entorno inmediato, aunque el viento sortea el relieve montañoso y golpea el campamento con fuerza intermitente.

Una primera prueba del Ártico La detención forma parte esperada de una travesía de estas características: en las expediciones polares en solitario, las paradas por ventana meteorológica son una constante, y saber leer las condiciones y esperar es tan importante como avanzar. Sin embargo, la severidad del episodio actual -con temperaturas efectivas cercanas a los diez grados bajo cero por acción del viento- supera las previsiones iniciales para esta fase temprana del cruce.

Implicación logística: el reloj de las reservas De la Rosa partió desde Pond Inlet con 35 días de comida a bordo y con la planificación de reabastecerse en Cambridge Bay, aproximadamente a la mitad del recorrido. El consumo calórico diario continúa, esté en marcha o en pausa: la exposición al frío, la humedad y el mantenimiento del calor corporal exigen ingesta contínua. Cada día de espera anticipada consume reservas que estaban proyectadas para tramos posteriores de la travesía, lo cual obligará a un ajuste fino de la progresión hasta el punto de reabastecimiento.

Estado del explorador De la Rosa se comunica con regularidad vía Garmin inReach Mini y mantiene el ánimo firme pese a la incomodidad. En su último parte, resume la situación con la serenidad característica de un explorador experimentado: «Parece que las condiciones mejoran el miércoles, así que aguantaré hasta el miércoles».

Coordinación de rescate activa El protocolo de emergencia se mantiene operativo: el dispositivo SOS satelital está vinculado al servicio de rescate coordinado desde Alberta, con cuatro helicópteros disponibles a lo largo del corredor del Paso del Noroeste. La comunicación con Pond Inlet y las autoridades canadienses es diaria. En este momento, no hay indicación de emergencia: se trata de una espera controlada por condiciones meteorológicas adversas, dentro de los parámetros previstos para una travesía polar en solitario.

Contacto de prensa: Germán Briceño /  lider@germanrbc.pro

Acreditación de prensa y recursos: germanrbc.pro/acreditacion/

Canal WhatsApp (difusión): whatsapp.com/channel/0029Vb96ROu3QxS0nDoZiQ1p

Antonio de la Rosa afrontará el Paso del Noroeste en solitario: un desafío inédito en el Ártico

El reconocido aventurero y explorador español Antonio de la Rosa se prepara para emprender uno de los mayores retos de su trayectoria: cruzar el legendario Paso del Noroeste a remo, en solitario y sin asistencia, durante el verano de 2026.

La travesía, que se desarrollará en el corazón del Océano Ártico, representa un desafío de enorme complejidad y riesgo, pero también una oportunidad única para poner a prueba la vasta experiencia acumulada por Antonio en expediciones anteriores. Lo hará sobre una tabla de paddle surf especialmente diseñada, capaz de transformarse en trineo, lo que le permitirá mantener autonomía total durante más de dos meses, la duración estimada de la expedición.

Debido a las variables propias del entorno —condiciones meteorológicas, acumulación de hielo y factores logísticos—, el punto exacto de inicio y final de la travesía podría variar, al igual que su distancia total, calculada entre 2.000 y 3.000 kilómetros. De completarse, este desafío se convertiría en una hazaña sin precedentes dentro de la navegación autosuficiente, marcando un nuevo hito en la historia de la exploración moderna.

Más de un siglo después de que Roald Amundsen lograra por primera vez atravesar esta ruta en barco, Antonio intentará hacerlo remando en solitario, enfrentando hielo a la deriva, temperaturas extremas y la presencia de fauna salvaje como osos polares. El proyecto une historia, innovación y conciencia ambiental, buscando no solo escribir un nuevo capítulo en la exploración, sino también visibilizar los efectos del cambio climático, que han alterado radicalmente la geografía del Ártico.

Con una carrera marcada por expediciones pioneras —desde el Polo Sur hasta el Atlántico y el Pacífico—, Antonio de la Rosa ha consolidado una forma de entender la aventura como medio de inspiración, conciencia y transformación. La Expedición Paso del Noroeste 2026 invita a seguir de cerca el recorrido de un explorador que lleva los límites del cuerpo y la mente hacia lo esencial: descubrir, resistir y transmitir.

 

El Océano Ártico: frontera del cambio

El Océano Ártico, el más pequeño y septentrional del planeta, se extiende alrededor del Polo Norte y permanece cubierto por hielo marino durante gran parte del año. Rodeado por América del Norte, Europa y Asia, alberga ecosistemas únicos y especies especialmente adaptadas a condiciones extremas, desde osos polares hasta comunidades indígenas que han convivido históricamente con este entorno frágil.

En las últimas décadas, el Ártico se ha convertido en un símbolo visible del cambio climático. El deshielo acelerado ha reducido drásticamente la extensión del hielo marino, alterando los ecosistemas y abriendo nuevas rutas de navegación —como el Paso del Noroeste y el Paso del Noreste— que antes eran imposibles de transitar. Estas transformaciones traen consigo oportunidades comerciales, pero también profundos desafíos ambientales y geopolíticos.