El Paso del Noroeste cambia de fecha: Antonio de la Rosa volverá en julio de 2027

Ya en casa, sano y salvo, el explorador ha hecho balance del primer intento en una transmisión en directo. No hay renuncia: hay una lista de correcciones, una tabla que rediseñar y una fecha en el calendario.

Hay expediciones que terminan y expediciones que se aplazan. Esta es de las segundas.

Antonio de la Rosa llegó a España hace pocos días, después de que el pasado 2 de agosto un rescate de la Guardia Costera canadiense interrumpiera su travesía en solitario y sin asistencia por el Paso del Noroeste. Este domingo 9 de agosto se sentó frente a la cámara para contarlo todo en directo: lo que funcionó, lo que no, lo que perdió y lo que va a cambiar. Y para dejar claro lo esencial desde la primera frase: vuelve en julio de 2027.

“Estoy convencido de que la tabla de exploración de Sunova puede atravesar perfectamente el Paso del Noroeste, y espero poder demostrarlo el año que viene.”

Dieciséis días que dejaron buenas cifras

La expedición arrancó el 18 de julio desde Pond Inlet. Antonio llegó al Ártico fuerte, física y mentalmente, y los días en que las condiciones permitieron entrar al agua lo demostraron: dos jornadas de 64 kilómetros, otras dos de 52 y tres en torno a los 40.

Con unos 100 kilogramos de carga sobre la tabla, su velocidad crucero se mantuvo entre 5,5 y 5,6 kilómetros por hora, con puntas de 8 km/h cuando el viento acompañaba. En las jornadas largas llegó a palear doce horas seguidas con apenas veinte minutos de parada real.

El desgaste, sin embargo, fue perfectamente asumible. Antonio lo compara con una salida muy larga en bicicleta a ritmo suave: esfuerzo aeróbico sostenido, no explosivo. Solo necesitó antiinflamatorios los tres o cuatro primeros días. La alimentación, con más frutos secos que en su travesía al Polo Sur, funcionó mejor que nunca.

“Cuando terminaba esos 64 kilómetros, pensaba que podía hacer otros 50 más.”

El eslabón débil no estuvo en el agua

Si algo deja claro el balance es que el problema no fue la forma física ni la embarcación. Fue la logística previa, y Antonio lo asume sin rodeos.

Llegó a Ottawa el 10 de julio cargado de más: dos tablas y varios bultos adicionales. Tanto, que Alfonso d’Ors, de Posovisual —la productora que cubrió los preparativos—, tuvo que regresar a España con 30 kilogramos de equipaje suyo. Los cuatro días disponibles antes de volar al norte resultaron insuficientes para preparar toda la alimentación, especialmente sabiendo que en el punto de partida no hay forma de conseguir suministros.

Y estaba la tabla. No llegó a tiempo y hubo que enviarla por cargo, el único medio posible con los aviones que operan en la zona. La caja alcanzó Pond Inlet rota tras múltiples escalas y, por el camino, se perdió una bolsa estanca con dos quillas de repuesto y cuatro balizas acústicas disuasorias para osos. En una localidad inuit del Ártico canadiense eso no se repone. Los guardaparques le prestaron dos balizas; la travesía empezó con una sola quilla.

“No puedes ir a una expedición de estas llevando cosas por si acaso. Tengo que salir de Madrid exactamente con el material que voy a utilizar allí.”

El día que no había que entrar al agua

Después de varias jornadas templadas, llegó la confianza. Con unos 11 grados y el calor del esfuerzo, Antonio acabó paleando sin el traje seco. En la jornada 11 cayó al agua sin él y tuvo que volver a tierra. Dos días de avance perdidos.

Esos dos días lo cambiaron todo: hicieron que un frente de mal tiempo lo alcanzara antes de lo previsto. Cruzó Admiralty Inlet —la bahía en cuya orilla se encuentra Arctic Bay— y llegó a las inmediaciones de cabo Crauford con el mar ya muy movido. El plan era rodear el cabo al día siguiente y enganchar rumbo oeste con viento favorable.

En la punta del cabo, la escasa profundidad y el fondo rocoso convirtieron ese viento favorable en un caos de vuelcos, niebla cerrada y frío. Antonio señala aquí un error concreto y evitable: no llevaba cartas náuticas. Tenía GPS y toda la cartografía descargada, pero no la información batimétrica que le habría advertido de lo somero de la zona.

“Ese día tenía que haberme quedado en tierra tranquilamente y haber esperado tres, cuatro o cinco días. Eso ya está aprendido.”

El mar se llevó la tabla

Consiguió salir del agua entre acantilados, muy cerca de una cabaña que ya tenía localizada en sus mapas. Subió todo el material al borde de la banquisa, el hielo que en invierno se acumula y queda encajado varios metros por encima de la playa, contra una pared de unos diez metros. Estaba convencido de que allí quedaba a salvo. El equipo de seguridad y la ropa los llevó a la cabaña, a la que solo se accede tras un trepe de seis o siete metros: imposible izar la tabla hasta allí.

Al día siguiente entró el temporal, con vientos de 100 kilómetros por hora. Cuando dos días después bajó a la costa para reparar la quilla y preparar la tabla rumbo a Arctic Bay, a unos 100 kilómetros, no quedaba nada. Ni tabla, ni bolsas, ni comida.

“El mar se tragó casi todo menos el equipo de seguridad.”

Un rescate sin SOS

Lo que vino después es, probablemente, la parte más reveladora del relato.

La situación estaba definida con precisión: comida para un par de días, estirable a cuatro o cinco, y ninguna posibilidad de salir por medios propios de un lugar sin acceso terrestre. Pero también sin peligro inmediato. Antonio estaba bien y resguardado.

Esa distinción lo llevó a tomar una decisión poco habitual: no activar el SOS. Bombero de profesión y con años de trato con grupos de rescate, sabe que una señal de socorro dispara un protocolo inmediato en el que los rescatistas asumen riesgos altos, porque no hay comunicación con la persona y se desconoce su estado real.

En lugar de eso, pidió a su entorno que se activara un protocolo de rescate sin urgencia. La comunicación se canalizó a través de la Embajada de España en Canadá y la Guardia Costera canadiense decidió enviar una embarcación de gran porte, con 48 horas de llegada estimada. Antonio aceptó el plazo sin discutirlo.

“Lo más importante para mí era que nadie se jugara la vida para venir a rescatarme. Me daba igual salir en 12, en 24, en 48 horas o en cuatro días.”

Cuarenta y ocho horas exactas después apareció el rompehielos CCGS Des Groseilliers entre una niebla espesa. La operación se resolvió con el helicóptero embarcado, sin necesidad de aproximación en neumática, y Antonio fue trasladado directamente al aeropuerto de Arctic Bay, donde lo recibió la policía local. Un rescate limpio, en el que nadie asumió riesgos innecesarios. El regreso a España se completó en otras 48 horas.

Osos, narvales y un Ártico sin hielo

Buena parte del recorrido transcurrió dentro del parque nacional Sirmilik, que abarca la isla Bylot y el noroeste de Baffin: una reserva de aves donde el acceso con armas de fuego está terminantemente prohibido y en la que los guardaparques le concedieron permiso especial para transitar y pernoctar en determinadas zonas.

Dentro de la reserva, la avifauna fue sencillamente impresionante; al salir de ella, apenas se veían aves. Hubo jornadas enteras acompañado de narvales, focas casi a diario en la primera fase y dos osos polares a corta distancia. Ninguno de los dos encuentros requirió la escopeta, que es siempre el último recurso: la primera línea son las balizas acústicas, el silbato y un sistema de bengalas. Uno de los osos lo miró desde la orilla con absoluta indiferencia y siguió comiendo; el otro se marchó en dirección contraria nada más verlo.

El hielo, en cambio, jugó una partida distinta a la esperada. En el estrecho entre Pond Inlet y la isla Bylot, donde otros años hay abundante banquisa en esas fechas, unos vientos más intensos de lo habitual desplazaron el hielo hacia las bahías. Antonio prácticamente no encontró hielo. En el otro extremo del Paso, los veleros que intentan la travesía desde Alaska hacia el este seguían bloqueados a comienzos de agosto, sin acceso todavía a Cambridge Bay.

Por qué una tabla y no un kayak

A quienes sostienen que el Paso del Noroeste es inabordable en paddle surf, e incluso en kayak, Antonio responde con un argumento de autonomía: la travesía exige comida para un mínimo de 40 días. Solo en alimentación son unos 40 kilogramos, a los que hay que sumar todo lo demás. Un kayak de travesía no admite ese volumen y un packraft es demasiado lento. La tabla, al ser una embarcación abierta, sí permite cargarlo.

“He visto en mis propias carnes lo difícil que es aquel lugar, pero confío en mi capacidad y en mis conocimientos para conseguir hacer esa expedición.”

Lo que cambiará para 2027

Quilla retráctil. Con la tabla cargada —unos 35 kilogramos de embarcación más 80 o 90 de material—, palear sin quilla es inviable: la embarcación se vuelve ingobernable y obliga a duplicar la trayectoria. El objetivo es una quilla alojada en un cajón, que se repliegue al tocar fondo y pueda subirse a voluntad, con un funcionamiento parecido al de un timón de kayak.

Sujeción del equipamiento. En los vuelcos, las ocho o diez bolsas estancas se desplazaban a un costado y hacían durísimo el desvuelco. Pasarán a ser tres o cuatro bolsas grandes fijadas con cinchas dobles, del tipo que ya usa en su trineo de expedición.

Puesto de paleo sentado. Con viento de cara o condiciones muy adversas hay que palear sentado, con pala de kayak. El asiento no estaba bien adaptado; la embarcación se modificará para ese uso.

Protección de cubierta. Las olas laterales llegaban a embarcar hasta 50 litros de agua que tardaban en salir por los imbornales. Se añadirá un elemento que cubra los pies al palear de pie.

Logística y navegación. Salir de Madrid exactamente con el material que se va a utilizar, contar con más tiempo sobre el terreno y llevar cartas náuticas. El peso total, admite, difícilmente bajará de los 90 kilogramos.

Lo que viene ahora

En los próximos días Antonio irá mostrando las modificaciones de la embarcación y publicará material sobre la fauna registrada, en especial la avifauna de Sirmilik. En paralelo arranca la fase menos vistosa y más necesaria: reponer el equipamiento que se llevó el mar y buscar la financiación del nuevo intento.

El agradecimiento va por delante. A la Embajada de España en Canadá, a la Guardia Costera canadiense, a la policía de Arctic Bay y a los guardaparques de Parques Nacionales de Canadá, que prestaron balizas acústicas y concedieron los permisos dentro de Sirmilik. A Posovisual, por la cobertura de los preparativos y del arranque. Y a West Hansen —National Geographic Explorer y presidente del capítulo de Texas de The Explorers Club—, que durante la ventana de rescate ofreció de forma clara y decidida la ayuda de un contacto local en Arctic Bay.

El Paso del Noroeste no se cancela. Cambia de fecha.

Datos clave

  • Primer intento: 18 de julio de 2026, desde Pond Inlet (Nunavut, Canadá)
  • Interrupción: 2 de agosto de 2026 · Día 16 · zona de cabo Crauford, península de Borden
  • Rescate: Guardia Costera canadiense · rompehielos CCGS Des Groseilliers y helicóptero embarcado → Arctic Bay (Ikpiarjuk)
  • Mejores jornadas: dos de 64 km, dos de 52 km y tres en torno a 40 km
  • Velocidad crucero: 5,5–5,6 km/h con carga · hasta 8 km/h con condiciones favorables
  • Jornada máxima: 12 horas de paleo con unos 20 minutos de parada real
  • Material perdido: tabla, bolsas estancas y alimentación. Solo se conservó el equipo de seguridad
  • Nuevo intento: julio de 2027

Enlaces

De la Rosa, rescatado y a salvo en Arctic Bay: el Paso del Noroeste cambia de fecha

Expedición Paso del Noroeste 2026 · Día 16 · Nunavut, Canadá
El Servicio de Guardacostas de Canadá extrajo al explorador del cabo Crauford en helicóptero desde el rompehielos CCGS Des Groseilliers, aprovechando la única ventana de buen tiempo en cinco días. Antonio de la Rosa está ileso, vuela mañana a Ottawa y cierra la travesía con 367,7 kilómetros paleados.

 

El explorador español Antonio de la Rosa se encuentra sano y salvo en Arctic Bay (Ikpiarjuk), comunidad inuit del Alto Ártico canadiense a orillas del Admiralty Inlet, tras ser rescatado este domingo 2 de agosto del cabo Crauford, donde permanecía refugiado en una cabaña de cazadores desde el 29 de julio. La extracción pone fin a la Expedición Paso del Noroeste 2026 en su día 16, con 367,7 kilómetros (198,5 millas náuticas) paleados desde la salida de Pond Inlet el 18 de julio.

El rescate se activó tras el temporal del 1 de agosto, con vientos cercanos a los 100 km/h, que rompió la banquisa frente al cabo Crauford y se llevó la embarcación con la que De la Rosa afrontaba la travesía. Sin tabla, la continuidad de la expedición quedó materialmente cancelada. El explorador, en cambio, no sufrió daño alguno en ningún momento.

Un helicóptero desde el rompehielos

Las condiciones meteorológicas habían mantenido bloqueada la zona durante casi una semana. La jornada del domingo abrió el único paréntesis de mar en calma desde la pérdida de la embarcación, y el operativo lo aprovechó sin demora.

El rompehielos CCGS Des Groseilliers, de la Guardia Costera canadiense, se aproximó al cabo Crauford, y desde su cubierta de vuelo despegó el helicóptero embarcado que extrajo al explorador y lo trasladó directamente a Arctic Bay, algo más de 100 kilómetros al sur por mar siguiendo el Admiralty Inlet.

El Des Groseilliers no es un barco cualquiera en estas latitudes. Se trata de un rompehielos medio de la clase Pierre Radisson, con base en Quebec, que cada verano se despliega en el Ártico canadiense como unidad principal de búsqueda y rescate. Dispone de hangar y cubierta de vuelo para su helicóptero, y ese medio aéreo fue precisamente lo que permitió sacar a De la Rosa de una costa sin acceso practicable por mar.

«Me ha rescatado el salvamento marítimo de Canadá, a quienes quiero agradecer personalmente su profesionalidad. Ha sido un rescate extraordinario».

«El tiempo ha estado muy malo cuatro o cinco días y hoy era el día; así que lo hemos aprovechado».

Del cabo al pueblo: dos Árticos distintos

El contraste entre el punto de refugio y el destino es, en palabras del propio explorador, absoluto. En el cabo Crauford pasó cuatro días en una cabaña de cazadores sin cauce de agua cercano —derretía hielo recogido en la costa para abastecerse—, con niebla persistente, humedad que impedía secar la ropa y un pronóstico que solo empeoraba. En Arctic Bay, un núcleo de algo más de mil habitantes, el mar amaneció en calma.

De la Rosa destaca especialmente el trato recibido y el carácter del territorio, y deja explícita su intención de regresar.

«Con muchas ganas de volver a este lugar: me ha conquistado. La gente y el lugar en sí son brutales, salvajes; es lo que necesita una buena aventura».

El balance: mala suerte y errores propios

El explorador no traslada la responsabilidad al entorno. En su primer mensaje desde tierra firme con conexión estable, asume que buena parte de lo ocurrido pertenece al terreno de la decisión propia y anuncia un análisis detallado de la travesía.

«Gran parte de las cosas que no salen bien en una aventura son normalmente errores personales. Toca aprender de mis errores».

«Una aventura es una actividad que entraña un riesgo y de futuro incierto, y el Paso del Noroeste en una embarcación de paddle surf es una auténtica aventura que espero poder superar en algún otro momento».

Agradecimiento a la red que se puso a disposición

Además del reconocimiento expreso de Antonio a la Guardia Costera canadiense, la coordinación de la expedición desea dejar constancia pública de los apoyos que se ofrecieron durante las horas críticas, aunque finalmente no fuera necesario activarlos.

Es el caso del explorador estadounidense West Hansen (The Explorers Club MN ’12, presidente del Capítulo de Texas; National Geographic Explorer; expediciones al río Amazonas en 2012, al Volga en 2014 y al Paso del Noroeste en 2022-23 y 2026), que respondió de forma inmediata y sin condiciones, poniendo a disposición de la expedición un contacto local en Arctic Bay dispuesto a acudir al cabo Crauford a recoger a Antonio en cuanto se abriera la ventana meteorológica —y ello en plena temporada de caza del narval, un período corto y determinante para las comunidades de la zona. La rapidez de esa respuesta, en un entorno donde las distancias y los tiempos no perdonan, merece un agradecimiento explícito.

Próximos pasos

De la Rosa tiene previsto tomar este lunes 3 de agosto un vuelo desde Arctic Bay a Ottawa y regresar a España en los próximos días. La coordinación de comunicaciones gestionará desde ese momento las solicitudes de entrevista y el material audiovisual de cierre de la travesía.

«Gracias a todos por los ánimos, por seguir ahí y por estar preocupados».

📄 Para medios: el Boletín 13 completo en español e inglés, junto con todos los boletines anteriores de la expedición, el archivo de reportes desde el terreno y el material audiovisual descargable, está disponible en el Media Center de la expedición.

📩 Solicitudes de entrevista y acreditación: Germán Briceño · lider@germanrbc.pro

De la Rosa completa otros 40 km y alcanza el punto de giro al norte, tras superar una salida durísima

Nunavut, Canadá · 23 de julio de 2026 — Antonio de la Rosa completó este miércoles una segunda jornada consecutiva de 40 kilómetros y alcanzó el punto donde el trazado de su ruta gira hacia el norte, primer cambio estratégico de rumbo desde el arranque de la travesía. El día trajo también una noticia técnica —la quilla de la tabla sufrió un daño durante una salida al agua especialmente compleja por el oleaje— y un regalo natural extraordinario: el avistamiento de focas y narvales, la joya cetácea del Ártico canadiense.

Una hora para entrar al agua

El día comenzó con lo peor de la jornada. El punto donde Antonio pernoctó la noche anterior estaba muy expuesto al oleaje, y meter la tabla con todo el equipo al agua entre las olas resultó una operación durísima. Lo que normalmente toma minutos le llevó cerca de una hora, con frío intenso de la mañana y viento fuerte de espalda que aumentaba la dificultad.

“La salida de esta mañana ha sido lo peor de la jornada”, cuenta el propio Antonio en su parte de voz. “He roto algo la quilla. Estaba muy complicada la salida con oleaje y ha sido complicadísimo empezar”.

Un contratiempo técnico: la quilla

El daño en la quilla es la incidencia más relevante de la jornada. Se trata de un elemento crítico para la maniobrabilidad de la tabla: sin quilla, el control direccional se ve seriamente comprometido. Por el momento la pieza sigue cumpliendo su función y le permitió completar los 40 kilómetros del día sin nuevas incidencias, pero el equipo mantiene la vigilancia.

“La quilla es fundamental. Sin quilla no hay maniobrabilidad de la tabla, es un elemento indispensable”, explica el explorador. “Puedo hacer una quilla con el timón, pero no es lo mismo. La verdad es que espero que me aguante”.

Antonio tenía previsto un plan de contingencia en su preparación original: llevaba dos quillas de repuesto. Pero una anécdota logística las dejó fuera de la expedición — la caja que las contenía se rompió durante el transporte entre Montreal y Ottawa, y las piezas nunca llegaron a destino. Es una de esas contingencias que un explorador sin apoyo asume como parte del riesgo del terreno.

Buen ritmo y llegada al hito

Superada la fase inicial, la navegación se desarrolló con fluidez. El viento de espalda y las corrientes favorables durante buena parte del recorrido permitieron a De la Rosa mantener un ritmo alto. Los últimos cinco kilómetros los recorrió ya con corriente en contra — motivo por el cual decidió parar y aguardar mejor sincronía con la marea antes de reanudar.

El punto donde ha parado tiene un valor simbólico y estratégico: justo donde la ruta trazada gira hacia el norte. Es el primer cambio de rumbo importante de la travesía y marca el final de la fase de aproximación inicial este-oeste. A partir de aquí, Antonio orientará el resto de su avance hacia el norte del Paso del Noroeste.

Antonio de la Rosa detalla su travesía del Paso del Noroeste para el verano de 2026

El explorador español cruzará en solitario y sin asistencia el Ártico canadiense sobre una tabla de paddle surf construida en dos secciones y diseñada para convertirse en trineo.

El aventurero y explorador español Antonio de la Rosa prepara una de las travesías más exigentes de su carrera: cruzar el Paso del Noroeste en solitario y con plena autosuficiencia durante el verano de 2026. En un vídeo de presentación, De la Rosa adelantó la logística y los detalles técnicos de un recorrido que busca unir el Atlántico Norte con el Pacífico a través del Ártico canadiense.

La ruta, bloqueada por el hielo durante más de tres siglos y asociada a numerosas expediciones fallidas, vuelve a ser navegable por el retroceso de la banquisa que ha traído el cambio climático.

Una ruta de más de 3.000 kilómetros

La expedición se desarrollará entre julio y septiembre y podría prolongarse más de dos meses en condiciones extremas. Partirá del área del mar de Baffin —con Cape Liverpool, en la isla de Bylot (Nunavut, Canadá), como punto de inicio— y pondrá rumbo al mar de Beaufort, con llegada prevista en Tuktoyaktuk (Territorios del Noroeste).

El trazado supera los 3.000 kilómetros, aunque los puntos exactos de salida y llegada dependerán del estado del hielo a comienzos del verano. El agua rondará los 0 °C durante buena parte del recorrido.

Más de un siglo después de que Roald Amundsen completara por primera vez el paso a bordo del Gjøa (1903-1906), De la Rosa lo intentará a fuerza de brazos. Para orientarse combinará posicionamiento y comunicación por satélite con brújula náutica y mapas estancos que reproducen la ruta del noruego.

Una tabla que se transforma en trineo

Para sostener la travesía sin asistencia externa, De la Rosa contará con un prototipo de paddle surf fabricado en Tailandia por la firma Sunova. La embarcación está construida en dos secciones que se ensamblan mediante un sistema de tubos y piezas de conexión diseñado a medida.

Esa modularidad es la clave del proyecto: permite que la tabla se convierta en trineo cuando el hielo cierre el paso y haya que arrastrar el equipo sobre la banquisa. La tabla pesa 32 kilos en vacío y admite hasta 200 kilos de carga.

La carga está medida al detalle. De la Rosa transportará entre 90 y 100 kilos: alimentación liofilizada e hipercalórica para 70 días de actividad, una cocina compacta con dos tipos de combustible, palas de carbono y repuestos, y dos tiendas de campaña. Una de ellas se ancla sobre la estructura de la propia tabla, lo que le permite pernoctar tanto en tierra firme como sobre el agua. Todo el material viaja en bolsas estancas.

Contra el frío extremo llevará dos trajes secos —uno de ellos capaz de mantenerlo hasta doce horas a flote en agua a cero grados sin sufrir hipotermia—, calzado técnico específico y ropa térmica. Tres palas de repuesto y una pala de kayak completan el equipo de propulsión: los días de viento fuerte en contra navegará sentado.

Seguridad en territorio del oso polar

El aislamiento y la fauna salvaje hacen de la seguridad un factor central. En pleno hábitat del oso polar, De la Rosa llevará bengalas de señalización, arnés para evitar caídas al agua, sistemas de alarma acústica para instalar alrededor de la tienda y, por exigencia de la normativa local, un arma autorizada para emergencias. Su botiquín está preparado para primeros auxilios e incluso para intervenciones de cirugía menor.

“Nunca voy a querer matar a un oso polar, a no ser que realmente tenga intenciones de atacarme, que es bastante raro pero podría pasar.”

Un testimonio del Ártico que cambia

La travesía combina náutica, deporte de resistencia y una intención ambiental explícita. Con la bandera de España y la de la Sociedad Geográfica Española en la proa, De la Rosa quiere documentar de primera mano cómo las transformaciones climáticas han alterado la geografía del Ártico: lo que durante siglos fue un paso imposible es hoy una vía abierta.

“Demostraremos que lo que ayer era un paso imposible, hoy es una realidad que debemos documentar.”

Mapa de la ruta de la Expedición Paso del Noroeste 2026: de Pond Inlet a Tuktoyaktuk

Seguimiento y contacto de prensa

La expedición se registrará con cámaras de acción instaladas en la embarcación. De la Rosa llevará teléfono satelital y dos dispositivos GPS con capacidad de enviar mensajes e imágenes, de modo que quienes sigan antonioexpeditions.com podrán acompañar el día a día del recorrido y consultar su posición en tiempo real.

El periodista Germán Briceño, encargado de enlazar las comunicaciones con Antonio de la Rosa durante su anterior expedición en solitario al Polo Sur, repite en esa función para facilitar los reportes de este nuevo desafío.

Para más información, sumarse al canal de WhatsApp de prensa y obtener notas, material audiovisual o coordinar entrevistas, los colegas de medios pueden acceder al Media Center oficial de la expedición y generar su credencial de prensa en germanrbc.pro/acreditacion/. El registro es rápido y da acceso directo a boletines, fotografías, vídeos, audios y al canal de WhatsApp de prensa. Para consultas directas, también puede escribirse a lider@germanrbc.pro.

Antonio de la Rosa y el desafío del Paso del Noroeste en SUP

Imagina un mar de hielo flotante que cruje como un monstruo ancestral, osos polares acechando en la niebla y vientos que azotan con la furia de siglos de exploradores frustrados. Así es el Paso del Noroeste, esa arteria ártica que une el Atlántico y el Pacífico a través del Ártico canadiense, un laberinto de unos 2.000–3.000 kilómetros de agua gélida y banquisa impredecible que solo se abre durante una breve ventana de deshielo cada verano. Durante siglos ha sido el Santo Grial de los navegantes: las sagas vikingas hablan de viajes hacia Vinland alrededor del año 1000, y muchas voces sostienen que estos hombres del norte fueron los primeros europeos en rozar el continente americano, guiados por corrientes invisibles y un coraje que desafiaba a sus propios dioses. Más tarde, expediciones como la del británico John Franklin, desaparecida en 1845 con dos barcos y 129 tripulantes, se perdieron para siempre en el laberinto de canales canadienses, recordándonos que aquí el error se paga con la vida.

El Paso no solo guarda leyendas; es un campo de batalla vivo contra la naturaleza. El clima ártico es un titán caprichoso: tormentas súbitas, ráfagas que pueden superar fácilmente los 70–80 km/h, nieblas cerradas que devoran el horizonte y temperaturas que bailan, incluso en verano, entre aproximadamente -4 y +4 grados, con episodios más extremos que pueden ir de -10 a +10 grados. El hielo a la deriva —bloques antiguos, gruesos, desgajados del norte— puede golpear la embarcación como un ariete y estrangular pasajes que ayer parecían abiertos, obligando a desvíos desesperados o a arrastrar el equipo sobre la banquisa. Bajo esa superficie hostil, la fauna no es un decorado, sino un riesgo real: osos polares capaces de nadar largas distancias, morsas que protegen sus colonias con fiereza, focas y ballenas que emergen de improviso entre placas de hielo, todo ello en un ecosistema extremadamente sensible donde cualquier expedicionario debe moverse con respeto y mínima huella.

En este escenario, Antonio de la Rosa prepara para el verano de 2026 una de esas aventuras que parecen sacadas de una novela, pero que se escriben paleada a paleada. Su objetivo: convertirse en el primer ser humano en cruzar el Paso del Noroeste sobre una embarcación tipo SUP de expedición, en solitario, sin asistencia externa y propulsándose únicamente con una pala. No utilizará un velero ni un rompehielos, sino un prototipo desmontable, inspirado en el paddle surf, pensado para dividirse en dos partes, convertirse en trineo cuando el hielo cierre el paso y cargar todo lo necesario para sobrevivir entre 40 y 50 días en completa autonomía.

La ruta que ha elegido dialoga con la historia: conecta el mar de Baffin, cerca de la isla de Baffin y su capital Iqaluit, con el mar de Beaufort, siguiendo el corazón del Ártico canadiense. Más de cien años después de la primera travesía de Roald Amundsen, que completó el Paso del Noroeste a comienzos del siglo XX, el deshielo acelerado por el cambio climático ha cambiado completamente el tablero; ha hecho posible lo que antes era impensable, pero también ha vuelto la región más inestable y peligrosa, con hielo más móvil, ventanas de navegación más cortas y patrones de tormenta menos previsibles. Antonio no solo quiere atravesar esos canales helados; quiere mostrarlos al mundo como un espejo incómodo, usando su cuerpo, su esfuerzo y cada palada como un altavoz de los impactos reales del calentamiento global.

Desde la costa noreste de Canadá, en un Atlántico que pasa gran parte del año congelado, se lanzará a buscar la salida hacia el Pacífico a través de un laberinto de islas, estrechos y bahías que rara vez ven pasar una embarcación tan pequeña y tan expuesta. Tendrá que leer el hielo como quien lee una lengua antigua: distinguir placas seguras de trampas mortales, escoger cada canal, interpretar el viento, decidir cuándo seguir paleando y cuándo transformar su SUP en trineo y arrastrarlo sobre la banquisa. Todo ello mientras gestiona el riesgo constante de encuentros con osos polares —una especie ya amenazada por el retroceso del hielo marino—, la soledad absoluta y la certeza de que, allí arriba, un fallo de cálculo puede convertir una aventura en tragedia en cuestión de minutos.

Esta expedición no es un capítulo aislado, sino parte de un plan casi obsesivo: completar navegando, en solitario, los cinco océanos del planeta, culminando en 2027 con el cruce del Índico. Ya ha cruzado otros océanos en embarcaciones a pala y remo, ha completado retos polares extremos, como su expedición al Polo Sur geográfico, y este año será la cita con el Ártico en su versión más cruda, como si buscara en los extremos del mapa las preguntas que muchos prefieren no hacerse. ¿Será el primero en lograr algo así? Quizá la historia tarde un tiempo en responder; lo que sí está claro es que pocos —muy pocos— están dispuestos a enfrentarse en solitario, con una simple pala y una tabla de SUP cargada hasta los topes, a los hielos y las leyendas del Paso del Noroeste.

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